Sunday, November 12, 2006

EN CADA ISLA

Las olas del océano,
siempre espumosas,
convertidas en escudos de ida y vuelta,
rodean a cada isla,
y abrazándola, la protegen del mundo.

Cada una, perdida en latitudes imposibles,
escapa de la codicia de la civilización,

y el miedo a que le arrebaten su pureza
paraliza cualquier ansia de autodefensa.

Como ellas, como islas,
guardamos celosos,
nuestras efímeras pertenencias.

En nuestra isla privada tenemos casi todas las reservas.
Respiramos una calma infinita
mientras resuena metralla en el horizonte.

Nuestras retinas disfrutan de miles de estrellas,
mientras, en la falsa civilización,
se asfixia una luna envuelta en nubes de neón.

Bebemos agua cristalina de manantial,
mientras al otro lado, mueren los cauces,
que piden lluvia para sus ríos
que se ahogan entre nuestros vertidos.

En nuestra isla,
también guardamos nuestro lado más sensible,
nuestras emociones en estado puro.

A veces, desplegamos
un puente levadizo hacia otra solitaria isla
con la que compartimos estos tesoros;
y sólo algunas veces, un barquito de vela,
nos acerca al mundo real,
lejos de nuestra egoísta soledad.

... gracias a Gustavo, por tender su puente y su ayuda al escribir
desde esta isla...

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