

CAMINO HACIA LOS CASTROS
( En Baroña, A Coruña, 7-10-2006)
Un camino de rocas,
protegido a ambos lados por una vieja pinada,
nos llevó hasta una playa de arena virgen.
Allí nos sentamos sobre otras curiosas piedras
moldeadas, dispuestas caprichosamente:
unas aisladas, otras en grupo;
unas acariciadas por la espuma,
otras azotadas por el mar furioso.
Al levantar la mirada,
brillamos de entusiasmo,
casi una ilusión óptica sorprendente:
unas construcciones rocosas cilíndricas
alzadas sobre una península escarpada,
un castro donde se dice que habitó el pueblo celta.
En el punto más alto,
las gaviotas centinelas vigilaban el acantilado y el itsmo,
como en otras épocas hicieron nuestros antepasados,
mientras unos delicados rayos liláceos
iluminaban tanta belleza.
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