Monday, September 11, 2006










ARDIERON LOS BOSQUES
-Y NOSOTROS CON ELLOS-


Ardieron miles de hectáreas
de bosques y su fauna
cada verano, en el norte gallego
en el norte catalán
o en nuestra vecina Portugal.
Da igual norte que sur de la península,
el fuego arde donde el hombre lo desea.

Desde la pantalla lo observamos,
mientras seguimos masticando,
sin atragantarnos o quemarnos.


Pensamos que el fuego está lejos
de los nuestros y de nuestros hogares,
protegemos nuestro ombligo,
y si no corre riesgo de hernia
ni nos inmutamos.

Atribuimos nuestra responsabilidad a los gobiernos,
y nos lamentamos porque todos lo sabemos,
en la conciencia colectiva sentimos pena de nuestros bosques,
predecimos falta de oxígeno y agua,
(la falta de esta última ya es una realidad)
predecimos cánceres de piel e insuficiencias respiratorias para los humanos.

Todos suponemos un fatal desenlace
en esta lucha contra nuestra naturaleza
o lo que es lo mismo: contra nosotros mismos.

¿ Qué sucederá cuando recordemos con añoranza aquellos árboles?
¿ Cuando ya no haya vuelta atrás para repoblar las zonas desérticas?
Aquellos grandes, robustos, que generosos nos facilitaron respirar,
que nos arroparon de los rayos dañinos del sol,
que nos tranquilizaron del estrés urbano,
que nos cantaron al oido los susurros del viento,
que nos acariciaron con sus hojas y sus ramas.

Y que a cambio , ¿ qué recibieron?
Recibieron los azotes de los avances anti-tecnológicos
y la devastación de las constructoras, y de edificios que naceran con hipoxia,
en definitiva, recibieron la ambición del ser humano,
y el deseo compulsivo de controlarlo todo
y de manipular a su antojo
la sabiduría de la naturaleza, muy superior a la humana,
aunque la subestimemos.

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